miércoles 30 de julio de 2008

LLÁMAME QUE NO TENGO SALDO

Una compañía de telefonía móvil sacó al mercado, hace algunos años, una servicio que consistía en mandar un mensaje de texto que contenía este escrito: "Llámame que no tengo saldo". Esto permitía que cuando el saldo de tu móvil se agotase, pudieras avisar a cualquiera de tus contactos y fueran ellos los que te llamaran. No sé si fue útil o no. Nunca lo contraté. Por un lado, no era de la compañía que lo ofrecía. Motivo más que suficiente. Pero aún cuando hubiese sido de la compañía no hubiese creído necesitarla. Sin embargo, si creo que sería mejor como un servicio de vida.

Con el paso de los años, a medida que uno va creciendo y a veces madurando, son diversas las ocasiones en las que nos oímos u oímos a nuestros semejantes diciendo: "ya no puedo más", "tiro la toalla", "me rindo", "no vale la pena seguir luchando", "y todo esto ¿para qué?", "estoy sin fuerzas" y otras frase similares. Son casos en que nuestro saldo físico, emocional, aún espiritual, está agotado. Por medio de diferentes circunstancias creemos haber llegado al límite y puesto que, al parecer, no tenemos ese servicio a nuestra disposición ¿será que nadie podrá ofrecerme un servicio similar? En el caso de que me lo ofrezcan ¿cómo y a quién puedo mandar el sms? Acaso, cuando se termina el saldo ¿no me queda otra opción que esperar hasta la siguiente recarga? Y ¿qué si nunca llega esa próxima recarga?

Cuando nuestros recursos humanos se agotan, cuando nuestras fuerzas desfallecen, cuando nuestra esperanza en nosotros mismos y en aquellos que nos rodean desaparece, cuando ya nada hay que nosotros podamos hacer, creo firmemente, no sólo por creencia, sino también por experiencia, que podemos mandar un sms al cielo: "Llámame que no tengo saldo" o lo que sería lo mismo: "Dios actúa Tú porque yo no puedo".

Pedid y se os dará.

Este blog forma parte de:

Ir a la Web