sábado 30 de agosto de 2008

SIN CONDENACION

Ella siempre soñó con casarse. Aún de pequeña insistía en probarse el vestido de novia de su madre. Deseaba tener una familia. Imaginaba paseos al atardecer junto a aquel que le prometería amor eterno. Ahora, estos pensamientos, eran sólo recuerdos de lo que pudo haber sido y no fue. Recuerdos que pasaban por su mente, mientras, medio desnuda, una multitud la arrastraba por las calles. No sabía como había podido llegar a tal situación. Su matrimonio no fue como ella imaginó. Ni tan bonito como en las películas, ni tan bonito como en la vida real. Y decidió empezar a descuidar su matrimonio, y decidió empezar a cuidar ese desliz. Y a cuidarse para ese desliz. Desliz demasiado habitual para llamarlo así. Pues la costumbre hizo que fuera más fácil acallar su conciencia. Conciencia que se despertaba mientras, medio desnuda, una multitud la arrastraba por las calles.

Una multitud que no entendía de razones, ni argumentos. Una multitud que condenó el desliz hecho costumbre. Una multitud que la acusó sin misericordia: "Hemos cogido a esta mujer, acostada con otro hombre que no era su marido" . La costumbre mandaba que a tales personas se las apedreara hasta morir. La multitud estaba hambrienta de justicia, aunque desnutrida de misericordia. Y buscaron al hombre que alimentara esa justicia: "Tú, pues, ¿qué dices?". Él no dijo nada. Se inclinó y escribió en el suelo. Pero le insistieron y sus palabras fueron: "El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella" . Sus conciencias dormidas por la costumbre, ahora también eran despertadas. Empezó a quedarse sola. Uno a uno, se fueron. Y Él la miró: "¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más" . Ella, que hacía unos minutos era sorprendida en su infidelidad, ahora, era sorprendida por la misericordia de aquel hombre.

"Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento". Él vino para salvar y nos muestra la misma misericordia que le mostró a aquella mujer. Su nombre es Jesús.

1 comentarios:

luciernaga dijo...

Sí... :) Gracias por compartilo...
Un 10 sobre 9

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